Mi vida transita más por viejos caminos que por nuevos.
Mi espíritu aventurero, ahora que tengo cincuenta y ocho años, se da cuenta de que pese a todos los senderos en todos los sentidos que he recorrido, lleva un tiempo sin añadir ni uno más. Porque mi cuerpo sabio dijo: para. Y en ese «para» estoy.
Con tiempo para pensar y escribir que la vida como el río va, y nosotros con ella. Haciéndonos cada vez más viejos. Y re andando los mismos lugares que un día descubrimos.
Si que, dejando el plano físico, en el plano espiritual he seguido profundizando a pulmón libre. Porque hay mucho en el mundo de sabiduría y belleza y no hay tiempo para desaprovechar.
Y así, nuevos libros, nuevas lecturas, intercalando el releer viejos libros con otra forma de mirar más serena, van siendo alimento para el alma, que a su vez escucha la voz del altísimo, Dios para mí, deidad para otros, Verdad universal, o ese vacío, esa nada, que dicen algunos que hay. Y sobre la que también hay que reflexionar porque sentado en un banco a la orilla del río, con el rumor del viento en los árboles y el canto, o trinar, de los pájaros, como compañía, no creo que mi forma de apreciar tanta belleza provenga de nada.
Y sí creo que hay un aliento que empuja mis dedos a escribir. Qué, pasó por el camino un perro con su ama, y me fui detrás de ellos, y es porque susurra en mi cabeza una fuerza superior que no entiendo y la llamo Dios, que guía mis pasos. Lo mismo que nos dio oscuridad total para que supiéramos que él era la luz. Y esa luz se llama amor. Único camino que tiene algún sentido.
Bueno, divago, hablando de lo que nos trasciende para que los que no creen en nada me tachen de loco.
Y es que un puntillo de locura siempre hay que tener para sentirse pequeño, instrumento y dar lo mejor que llevamos dentro. Porque así lo pide tu alma. Esa que nos conecta con todos en el universo. Ese ente infinito que fluye unido en un todo. Para que sepamos de la importancia de ser hermanos y no enemigos. Pero estos temas son profundos. Y la gente baila y canta, celebra sanfermines y la Navidad, mata un pavo y se lo come. Lo mismo, lo mismito que se fusila al enemigo, se quema a la bruja, o se esclaviza al negro, o al niño. Que a las mujeres las llevan al prostíbulo y eso aun andamos decidiendo si es un servicio público, o está mal. Pues eso. Para unos tener un hermano es una bendición y para otros la razón de su asesinato. O a medio camino, razón para aprovecharme de él, ella, todo lo que pueda.
Y así os lo cuento, viendo en la tele que más de mil años de historia solo sirven para seguir iniciando guerras, masacrando al enemigo, violando cualquier derecho que ellos, mis hermanos, nunca debieron haber tenido, porque ¿Quién dice que son mis hermanos? Y lo vemos en canal abierto. Sin dos rombos. Porque así somos, dragones y no corderos. En plena evolución, aunque nos estemos degenerando, en ese camino descendente, como hace millones de años cuando nos matábamos a pedradas y en la cueva dibujábamos que estábamos cazando. Misma sensibilidad de hoy en día.
Y di tú, no a la guerra. Y silba, que te harán el mismo caso que un lobo al verte, salir huyendo.
Y así lo pienso.
©ManuelAcostaMás