-Déjalo, no sirve de nada-
Me dijo ayer un amigo que sigue trabajando para Grupo 5.
Pues yo os digo: Venid y mirad. Y a eso nadie se puede negar. Grises corazones decidieron privatizar la discapacidad y no hay vuelta de hoja. Pero no se explica que quienes mal viven bajo el paraguas de las empresas privadas se tengan que aguantar. Como si tienes ganas de orinar y te digan «no se puede». Y cuarenta años después, te estalla la vejiga. Y aun digas -Lo siento, aguanté lo que pude- ¡Por favor! Y a nadie se le cae la cara de vergüenza. Porque para eso hay que tenerla. Y nuestros políticos, ninguno la tiene.
Creyendo que tienen un contrato vitalicio con la impunidad -de fechorías como esa- privatizando algo que debiera estar bajo el ala de la obra social.
-Déjalo Manuel que ya te fusilaron una vez y vas camino de que te corten la cabeza-.
Pues no es que tenga vocación de mártir. Pero me cruje el alma cada vez que os oigo lamentaros del injusto trato al que os someten. Y que nadie sea capaz de pararlo es demencial.
Y no dejaré a ningún ser vulnerable sin una voz que diga: Soy humano ¡respeto!
Porque solo tengo eso, mi voz. – ¿Déjalo? – pues nunca callaré ante la injusticia. Y quizás así seamos más leones y menos corderos camino al matadero…
Porque en la vida no justa -injusta- hay que tener pequeños gestos humanos que nos rediman de tanta amargura como es vivir junto a los que nos condenan, sin ver florecer los cerezos…
©ManuelAcostaMás