El tumulto… en las fronteras
Desaparecer completamente es un cuento del siglo pasado. Hoy en día no hay derribo que no salga hasta en la sopa, y viaje en el aire más de mil días.
Y yo, artesano de la foto, así lo pienso y lo digo.
No se puede ser pobre, decía mi abuela con la pasión de quienes las pasaron canutas. Ni perder la razón tanto como para ir a cuatro patas, le diría, pero murió. Y hoy en día los que vienen deben lejos, deben esperar dos años a tener papeles -y eso que el gobierno es socialista- y eso, perdonen ustedes, es -no perder- es no tener razón alguna. Es querer que el fuego reine sobre la verdad. Y consuma nuestra cada vez menor humanidad.
Pero claro, esto lo pienso yo, habitante de la nada. Ser pequeño. Pero virtuoso para decir que donde antes tendíamos puentes, ahora levantamos muros y alambradas.
Y sí, son mis impresiones, cuentos que cuento, fotos que saco, ideas -perdón por creerme tanto- «nobles» de cómo comportarnos con nuestros semejantes.
Que mueren en las guerras, en el mar, en mil conflictos repartidos por el mundo y que, en nuestras casas, no los queremos.
Y lo dejo para la reflexión.
Porque pensar es bueno.
Sobre la razón que anda de vacaciones y la sinrazón que nos gobierna. Para que
no seamos cenizas y si la alegría, el fuego que acoge, de quienes dejaron su casa…
©Manuel Acosta Más