Cursos de verano
Hubo una época en la que estuve abonado a ellos; no sé cuándo, ya, pero la hubo.
Luego fui padre y ni al cine, ¡con lo que me gustaba!, como para hacer cursos. Y, como era un padre consecuente, no hice ninguno.
Y ya soy menos padre entregado, porque mis hijos son mayores, pero no he retomado esa vieja afición de los cursos, que, por otra parte, tengo tantos y tan variados que dudo que, salvo sorpresa, alguno complete mi bien nutrido jardín. Y, si los hay, tres de más, allá, en algún rincón, ya los plantaré.
Pero volvamos al verano y, antes de nada, gracias por contribuir a él, que, gracias a la gente, el verano da gusto, siempre.
Y así termino, recordando esos montes de leyenda que subí y esas playas de postal, de paraíso, que ahora visito.
Manuel Acosta Más

