Agua fría y comedias, lo mejor para sonreír en verano.
Tengo, para mí, tendinosis en el hombro izquierdo, con dolor que baja por el bíceps del mismo brazo, y capsulitis en los dos hombros, porque, al no poder usar uno, el otro, de tanto utilizarlo, también terminó estropeándose. Y estoy en tratamiento.
Hasta ahí, todo fenomenal. Pero, como no todo el monte es orégano, vamos a hablar de la curación. Pues bien, en pleno proceso rehabilitador, el INSS, que es quien paga, me dice que supere mis males trabajando; que tengo mal los hombros, pero no lo suficiente como para incapacitarme. Y… ¡alta!
¿Y dónde está el chiste? ¡Que no estoy bien! Y, sin miramientos, me mandan a la trinchera. Es algo así como si te apuñalaran por la espalda.
—¡Que no estoy bien! —grito.
Como muchos, lo sé. Pero hablo de lo mío, que es lo que conozco bien.
Y no se puede hacer nada, me dice la abogada del sindicato. Han atado las cosas de tal manera que los trabajadores caemos en la indefensión más absoluta. Y cuando alzamos la voz los que de verdad no estamos bien, nos acusan de insolidarios o, agarraos los machos, de simular para no trabajar.
Y que yo recuerde, nunca antes he estado de baja. Tampoco he cometido jamás un delito. Entonces, ¿por qué dudas de mí? He sido un trabajador ejemplar y, precisamente realizando mi trabajo, me he roto.
Huérfano ante la Seguridad Social, clamo por mi salud. Y me dicen que el INSS no tiene corazón.
Pues perdonadme, hijos del futuro: si no estoy bien, no estoy para nada, y mucho menos para trabajar. No soy un vago. Soy un ser humano —eso seguro que lo creéis—, con hábitos saludables y tan trabajador, que se ha roto.
¡Arregladme! Es lo mínimo.
Que yo quiero comedias y no dramas, como cantaba Alaska.
Manuel Acosta Más
