Vida de uno con complementos humanos
Nacer y morir no tiene fecha concreta. Y puede que dentro del vientre de tu madre estés cómodo, pero ahí afuera ruge una guerra y, en cuanto nazcas, en ese tiempo terrible, territorio del mal, serás hijo de aquello.
Nosotros, aquí en Occidente, somos, en su mayoría, hijos de la Transición, y esa palabra lo dice todo. Transitar es optimismo, ya que vas hacia algún sitio y todo el mundo cree que será mejor. Porque, durante la guerra de nuestros abuelos y padres, se comían los pájaros, y ahora no. Lo digo para ejemplificar ese paso hacia adelante.
Y hemos tenido tiempo de tener amigos y amigas estupendas.
Gentes geniales que hicieron tu vida mejor.
Pero, al igual que en todo viaje largo hay una partida y un destino, también hay etapas intermedias en las que creces y vas viendo que, en el monte, no todo es orégano y, en la vida, con las personas tampoco. Y te das cuenta de que aquel que creías que era Baltasar para ti resulta que era un ángel caído y, en vez de ser un regalo, te ponía zancadillas. Y ese otro, primo del alma, ¿qué? Si siempre te dijo todo lo que, en ti, a él le parecían erratas. Y no lo eran; nada más que para él, juez despiadado de una vida que no era la suya, sin ser capaz de mirarse el ombligo. Diciendo: «Te contemplo y lo que veo no lo aúpo, sino que te lo resto». Y eso no; perdonadme, eso no.
Pues gentes incapaces de quererte como eres, es mejor no tener ninguna. Y, si las tienes, lo mejor es dejarlas, porque solo fingen que nos quieren de verdad, y eso es tremendo.
Y, para terminar, resumo: en la vida es mejor tener gente que te alce que gente que te quiera ver en el abismo.
Y si te quieren de otra manera, es que esa manera no eres tú y es mejor perderlos. Ese es tu poder: ser tú mismo y sonreír, encontrando la paz interior, donde nadie te hace daño.
Manuel Acosta Más
P. D.
¿Qué no hay complementos? No pasa nada; siempre es mejor aullar a la luna o, al menos, más romántico.
