Cuentos: cosas que no olvido
Luna de julio
A cuatro días del chupinazo, la luna va decreciendo, pero confieso, la vi muy hermosa por la noche. Noches pasadas de luna llena, diré, ya que este producto, la luna, tiene sus ciclos y va ya camino de la luna nueva.
En este sentido: el de nueva, nuevo, explica su aire de recién creado o novedoso. Pero la luna está con nosotros hace tanto tiempo que su presencia nos es familiar.
Como familiares son los sonidos de la naturaleza. Brevedad, me piden, no puedo contesto.
Somos animales de costumbres y aunque queramos cambiar, no podemos. Y deseo dar confianza a que cambies, pero sé que es imposible. Pesa demasiado sobre ti el influjo de la luna y te salen colmillos y muerdes. Y donde quiero una sonrisa obtengo un reproche. Sufrí mal trato de ti. Y sin embargo seguí sonriendo. Hasta que corté amarras. El amor también es huir si nos hace daño. Confiaba sí, como un iluso, pero no has de ser sol, si eres luna. Y eso es una realidad.
Pues ojalá llegue el día de que cambies. Pero mientras tanto, luna lunera, brilla a tu manera lejos de mí.
Y créeme, yo también miro la luna y si llena, aúllo.
Mas luego me dirijo al bosque en busca de mis hijos y juego.
Tributo a la buena onda. ¿Lo comprendes? No, todavía no, pero mil lunas hacen al maestro, pienso.
Manuel Acosta Más
