En cuanto se pasó la infancia, la voz nos fue cambiando y con ella el alma. Eso es vivir. Subir escalones hasta que ya no puedes más. Y un día cuando tus padres son muy mayores o ya han muerto, te das cuenta de que la vida prometía muchas maravillas y se han cumplido pocas. Pero yo, lejos de ponerme una pistola en la sien, sonrió. Porque a pesar de las mil batallas que han emblanquecido mi barba, sigo creyendo y amando la vida. Y a ti, que me lees, te conozca o no, porque eso es vivir, creer en el ser humano. Y a ti decirte que tu cercanía es mi alegría.
©ManuelAcostaMás

Una mujer camina…
Una mujer camina y yo imagino el resto de la historia. Y no camina por la sierra de Toloño, anteriormente sierra de Cantabria —que lo leí—, ni por la sierra
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La vida….